Replicantes

09 febrero, 2006 ·

Mi amigo Dami me definió un día como una especie de replicante.
La historia viene de lejos, de cuando empecé a salir en mountain bike con él y su grupo de amigos.
Aunque casi siempre he hecho deporte con regularidad, durante las primeras salidas en bicicleta mi rendimiento, por decirlo de alguna manera suave, dejaba mucho que desear.
Mis piernas, no acostumbradas a ese tipo de ejercicio, se convertían en dos palos cada vez que el terreno se empinaba hacia arriba e inevitablemente llegaba el último al final de cada subida y en un estado lamentable.
Alguno de los habituales de ese grupo, tiempo después, me confesó que no hubiera dado un duro por mí y estaba convencido de que aparcaría la bici.
Si de algo puedo presumir es de no rendirme fácilmente, así que empecé a dedicar horas de mi tiempo libre a salir en bici, la mayoría de las veces en solitario y a sumar kilómetros en mi registro de salidas.
Como es evidente, mi rendimiento empezó a mejorar lentamente y hoy puedo presumir de ser uno más del grupo, incluso subiendo.
Al poco tiempo, cambié de gimnasio para coincidir con Dami y allí me volvió a introducir en otro mundillo que era casi desconocido para mí: el squash.
Aunque he de reconocer que me gusta bastante más salir en bici, también he mejorado bastante con la raqueta y hoy en día soy capaz hasta de darle a la bola.
Cuando Alfons me propuso empezar a salir a correr, pensé que jamas correría más de 5 minutos seguidos -"correr es de cobardes"- así que intenté por todos los medios darle largas pero no ha habido manera. No se ha rendido y ha conseguido que Don "Nocorroporquenomegusta", se calce las zapas y se transforme en una especie de proyecto de corredor en miniatura.
Así, poco a poco, la idea de correr una duatlón, que es el objetivo de este entrenamiento, cada vez parece menos descabellada.
Ayer aproveché un escaso tiempo libre al mediodía para calzarme mallas, zapatillas, pulsómetro y GPS, y salir a correr.
Me dirigí al Paseo Marítimo de Badalona y salí dirección Mataró.
No tenía mucho tiempo y empecé a calentar pensando que hoy sería una sesión suave, pero enseguida mi cuerpo entró en ese trance donde no duele nada, así que, sin darme cuenta, apreté un poco el paso.
La tarde era fantástica con una temperatura agradable y un solecillo reconfortante. Incluso las olas eran mansas y todo junto hacía un paisaje de lo más bucólico.
Conforme me iba aproximando al lugar donde el sábado di la media vuelta, no pude evitar mirar el crono para ver como andaba de tiempo. Aunque iba un poco mejor que el sábado, si quería llegar hasta el Puerto Deportivo de El Masnou debería apretar el paso. Como iba bien decidí apretar todavía un poco más.
Llegaron los 22:30 que marcan el momento en que debía dar la vuelta y el Puerto se veía lo bastante cerca como para pensar que podría llegar. Mi prudente subconsciente que el sábado me previno de hacer locuras, ayer se quedó en casa durmiendo la siesta así que seguí corriendo y a los 25:00, cuando me faltaba muy, pero que muy poco para llegar a "mi meta", saltaron todas las alarmas.
Eran las 16:10 y empecé a sentir una sensación que hacía muchísimo tiempo que no tenía. Casi me costó encontrar su nombre entre mis desgastadas uniones neuronales, pero al fin lo encontré: ¡¡tenía FLATO!!.
Inmediatamente di la vuelta maldiciendo mi imprudencia.
Con suerte llegaría en otros 25 minutos hasta el coche y tenía que recoger a mi hija a las 17:00 en el colegio, así que el horario se empezaba a apretar. Enseguida supe que el dichoso flato no me iba a permitir llegar en ese tiempo al coche, pues ya me empezaba a molestar bastante.
Sin más remedio aflojé el paso y dejé de pensar en el reloj para centrarme en respirar bien, hasta que, poco a poco, el flato empezó a desaparecer. Pero no se había ido definitivamente, no. En cuanto quería apretar notaba como volvía la molestia, así que busqué el punto de mayor velocidad sin molestia y seguí corriendo.
Finalmente llegué al coche. A pesar de la prisa hice mis estiramientos, pues sabía que si no los hacía en ese momento ya no los iba a poder hacer y no está la cosa como para saltárselos. Me bebí el Isostar y para casa.
No voy a entrar en los detalles de la densidad del tráfico rodado a esas horas en Badalona, pero sí diré que los camiones de cinco ejes y las obras no se llevan bien.
El caso es que aparqué el coche cinco minutos antes de que saliera mi hija del cole. Ya no tenía tiempo de subir a casa a cambiarme de ropa y mucho menos de ducharme, por lo que ante la atenta y sorprendida mirada de las madres que esperaban a sus retoños, me presenté en mallas a recoger a la destinataria de mis mayores berridos. Los habituales saludos a las madres de las amiguitas de mi hija fueron un poco violentos para mí. Me sentía como si estuviera vestido de "Don Mendo" e incluso me pareció ver alguna sonrisilla en esos saludos. ¡Qué duro es esto de ser padre!
Al llegar a casa, merienda para la retoña, descarga del track y ducha reconfortante.
Resumen: 8,5 kms en 51:20 a 6:02.
Conclusiones: Ha sido la mayor distancia recorrida corriendo sin parar de TODA MI VIDA y hoy no estoy especialmente roto. El Puerto Deportivo de El Masnou requiere, ahora mismo, de 1 hora para ir y volver, y no creo que esté a mi alcance, de momento.
Con sólo tres salidas y menos de 25 kilómetros en mis zapatillas parece que me está entrando el gusanillo de correr. Veremos a ver cómo acaba esto, pero me temo que la definición de replicante fue muy acertada.

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