Encuentros en la tercera fase

26 marzo, 2006 · 4 comentarios



Habitualmente me gusta contar mis historias por orden cronológico.
No es ni mejor ni peor que cualquier otra forma de ordenar los acontecimientos, pero a mí me gusta hacerlo así.
Aún así, voy a empezar mi relato por el acontecimiento más reciente que ha sido mi "visita" al Maratón de Barcelona de hoy mismo.

Como tenía previsto, esta mañana, a pesar de la sesión de cena-cine-copas de anoche, me he levantado a una hora prudencial, me he vestido de ciclista y tras desayunar me he acercado al Forum a ver a los participantes de la carrera.
Por el camino iba recordando el dorsal de Santi Palillo (2828) y con un poco de ansiedad por si podría verlo hoy.

Era consciente de que entre tantos partipantes, sin conocer su cara ni complexión física, sólo a través del número del dorsal iba a ser una tarea francamente difícil, pero lo iba a intentar.
Llego a la mismísima puerta del Fórum y me coloco en primera fila.

Pasan muchísimos corredores, jóvenes, no tan jóvenes, hombres, mujeres, con camisetas escritas en alemán, en francés, en inglés, sin camiseta. "La leche, si que viene gente de lejos" pienso para mí.
No hay mucho público, pero hay una mujer que aplaude y anima más que todos los que estamos allí.

Yo me concentro en mi tarea de hoy: buscar el dorsal 2828.
Al poco de estar allí pasa la liebre de las 3 horas con un pelotón donde me es imposible distinguier todos los dorsales.

Sigo mirando y veo al dorsal 2826, al 2927, al 2626, al 2830, al 2832... Me estoy volviendo tonto. Me coge complejo de lector de código de barras y scop sigue sin aparecer. Empiezo a pensar que seguro que ya ha pasado y no lo he visto. Me relajo un poco y empiezo a aplaudir y animar a los atletas.

Viene la liebre de 3:30 y justo al pasar a mi lado una ráfaga de viento hace que se le enganche la cinta del globo en mi cuello y se rompe, la cinta no mi cuello, y el globo se va a hacer puñetas por el cielo de Barcelona. La liebre me mira como si yo lo hubiero roto queriendo. Me encojo de hombros mientras se aleja corriendo, supongo que acordándose de alguna parte de mi familia. "Oiga que ha sido sin querer".

Cuando ya había perdido toda esperanza, veo el dorsal que tanto estaba esperando. Lo leo 3 veces para asegurarme y justo cuando pasa a mi lado le grito tal y como le había advertido "¡¡¡¡PALILLOOOOOO!!!!" pero ni siquiera me mira.
Por un momento me quedo bastante parado pensando que igual me he equivocado, pero veo que sobre la espalda de su camiseta lleva el escudo del Club Paris, por lo que no hay duda de que es el mismísimo Santi Palillo en persona.

Arranco con la bici tras él y, aprovechando que es cuesta arriba, le doy alcance. Ahora lo llamo por su nombre, me mira y me saluda. Chocamos la mano y le pregunto por la pierna. La respuesta es bastante negativa. Me dice que está bastante mal y que además le duele el pie.
¡Vaya con las extremidades díscolas!.

Le ofrezco un trago de agua de mi bidón mientras lo sitúo un poco explicándole el recorrido que le falta.

Me quedo muy sorprendido cuando me suelta dos frases que me dejan la sangre helada:
-"Tanto entrenamiento para nada". Refiriéndose a su pierna.
-"¿Para nada?"- le respondo. "Estás ya en el kilómetro 30" y le suelto un "Deu n'hi do" sin pensar que eso le debe sonar a chino mandarín.
-"Me han dicho que lo queda ya es llano. Menos mal, porque como encuentre una parada del metro me meto"- Segunda frase hielasangre.
-"Lo siento pero no hay ninguna parada de metro cerca"- Le miento como un bellaco para que se lo quite de la cabeza, aún sabiendo que las hay y que mi mentira iba a ser descubierta enseguida.

Volvemos a chocar las manos, le deseo suerte y lo dejo con su camino hacia la gloria, pasando por el purgatorio.

Realmente ha sido una experiencia magnífica, poder saludar en persona al admirado tocayo y quedar impresionado al ver el esfuerzo que estaba haciendo.

Escribo estas líneas y todavía no sé si ha logrado llegar a meta aunque algo me dice que sí que lo ha conseguido. Acabo de mirar la web de la organización y todavía no están los resultados colgados. Llevan 36 minutos de retraso.
Después de 5 minutos mirando la general, he encontrado su dorsal y ha llegado con 3:58:05 y amb un parell de collons. Seguramente no ha visto las paradas del metro.
Me alegro muchísimo por él. Después de tanto esfuerzo se merece haber podido acabar.

Después de esta historia, mi entrenamiento del sábado queda un poco en segundo plano.
Como estaba previsto me reuní con mi Maestro Alfons para entrenar juntos. Esta vez por el paseo marítimo de Badalona. El día era radiante y la temperatura agradable a pesar de la temprana hora (8:00 AM). Me recibió mi Maestro con un "no te preocupes que no te voy a dar ninguna tunda", signo de que el muy ladino está atento a lo que escribo en este blog. Un saludo desde aquí Mestre.

El entrenamiento fue mejor de lo que podía esperar después de varios días sin dar ni golpe, atléticamente hablando.

Hicimos 12 kms en 1:01:00, que vuelve a convertirse en mi mayor distancia recorrida y en el mejor promedio de todos los tiempos, que no está mal teniendo en cuenta que el viernes por la tarde me había metido entre pecho y espalda 46 kms de BTT, aunque al final Alfons me tuvo que reconocer que sí, que me había dado una tunda.

Seguimos en la brecha de cara a la próxima carrera, con más motivación todavía si cabe y con las imágenes de la maratón grabadas a fuego en mi cerebro.

Liadillo

24 marzo, 2006 · 1 comentarios



Hay un dicho popular que compara la acumulación de quehaceres con las tiras de una sandalia romana y más concretamente con la pierna que dicha sandalia abraza.
Esta semana entre reuniones laborales, visitas programadas al médico y demás historias, me he sentido como la susodicha pierna del romano.

Ya sólo quedan dos semanas para la Cursa de Bombers y en vez de entrenar lo que debiera, me salen compromisos imprevistos como si de setas se trataran.
No sigo con asiduidad los boletines de astronomía, pero tal vez es que hay alguna conjunción de planetas que afecte especialmente a los entrenamientos programados y yo sin saberlo.
Quizá se trate de alguna reacción alérgica a los gránulos de polen primaveral que ya nos están invadiendo o simplemente sea fruto del azar, pero realmente mi agenda se está volviendo loca.

Dejando de lado mis dudas y suposiciones y ciñéndome estrictamente a los datos, lo cierto es que esta semana no he salido ni un día a correr. Me he tenido que conformar con una furtiva visita al gimnasio entre reunión y reunión. También he podido asistir a una de las clases del cursillo de natación que estoy haciendo, pero eso no creo que cuente como entrenamiento de cara a la próxima carrera.

No recuerdo si he explicado que ahora también estoy aprendiendo a nadar. En todo caso esto merecería no ya una entrada en este blog, sino un blog entero, pero ahora mismo ya tengo bastantes frentes abiertos, así que de momento quedará en el tintero.

También he aprovechado un hueco para visitar a un fisio por primera vez en toda mi vida. Mi intención era que me echara un vistazo a mis esforzadas piernas, que más vale prevenir que curar, aunque no fue realmente así.
Comenzó la visita con un cuestionario médico típico: alergias, intervenciones quirúrgicas, etc. y posteriormente me hizo desnudar y me reconoció -no es que me conociera previamente, sino que me hizo una exploración médica- concluyendo que tengo una pierna un poco más larga que la otra, que tengo una rotación en la cadera y que posiblemente tengo la espalda un poco desviada. Según su dictamen, todo esto hay que controlarlo pues puede producir lesiones en un futuro. Jo, ¡Si lo sé no vengo!.
Le hice saber que me estaba preocupando y me dijo que todo eso era "normal". ¿¿Normal??, pues vaya con la normalidad. ¿Cómo serán los "no-normales"?.
Finalmente me da un masaje en las piernas y concluye que, a nivel muscular, estoy bien. Sin sobrecargas dignas de mencionar.
Finalizo la visita con el abono de los honorarios y con la recomendación de que me haga radiografías para poder estudiar más en profundidad la asimetria de las piernas y la espalda.
Definitivamente no era lo que me esperaba de la visita al fisio, pero la realidad es la que es.

Este próximo fin de semana se presenta más tranquilo a priori, aunque la agenda tiene una inquietante entrada en forma de cena, cine y copa para el sábado por la noche, que mucho me temo que va a afectar al domingo por la mañana. De todas formas el domingo tengo planeado acercarme a un punto del recorrido del maratón y espero llegar cuando todavía haya corredores, por lo que no me voy a poder levantar a las tantas.

Antes de eso, la misma mañana del sábado, tengo cita con mi Maestro y me imagino que tiene pensado darme una tunda que se me van a acabar las tonterías.

Seguiré con interés la evolución de mi agenda aunque, de momento, la semana que viene ya tiene dos imprevistos endosados. Tal vez aproveche mi visita al traumatólogo para que también la radiografíen a ella.

Quien con niños se acuesta...

20 marzo, 2006 · 10 comentarios


Esta semana mis obligaciones paternales me han tenido más ocupado de lo normal.
Las tardes se han convertido en un ir y venir de casa al colegio y del colegio a casa. Meriendas, baños, parques y actividades extraescolares se han convertido en los protagonistas de mis tardes, mandando a hacer puñetas mi plan de entrenamientos.

Se podría pensar que eso me molesta y que soy uno de esos hombres que no colabora ni en las labores del hogar ni en el ciudado de los hijos. Modestamente afirmo que nada más lejos de la realidad.
Lo que pasa es que los horarios de las actividades deportivas de mi cónyuja y los míos están muy bien sincronizados y eso nos permite realizar nuestras sesiones deportivas y atender a los quehaceres habituales de cualquier familia con hijos con bastante desahogo.
Es cuestión de organizarse.

El problema ha venido cuando mi cónyuja se ha marchado tres días fuera por motivos de trabajo y mi tranquila morada se ha convertido en el "Camarote de los Hermanos Marx".

La verdad es que la semana no empezaba muy bien, pues una pequeña molestia aparecía el lunes por la tarde en mi ingle izquierda y me ha acompañado en mi ir y venir a los lugares mencionados hasta el jueves que se fue tal como vino, sin avisar. Es evidente que el descanso forzado de estos días me ha venido de perlas.

Yo achaco esta molestia al tute del domingo en bicicleta. Después de todo el invierno haciendo salidas de subsistencia, me metí cerca de 60 kms de BTT entre pecho y espaldas y tal vez me pasé un poco.

Por fin llegó el viernes y ya con mi cónyuja a los mandos en el puente de la nave estelar Enterprise, me calcé las zapas y me di una vueltecilla para poner otra vez la maquinaria en funcionamiento. 45' por el parque fluvial del Besòs fueron suficientes para recuperar sensaciones. Definitivamente la molestia de la ingle ha desaparecido y esperemos que no vuelva.
De vuelta a casa cogí hora en un gabinete de fisios para que me den un repaso a los servos que con tanta carrera y tanta bici, más vale prevenir.
Nada más entrar por la puerta de casa suena el teléfono. Es mi hermano para quedar para la mañana siguiente para ir a correr. ¡¡Venga que no decaiga la fiesta!!.

El sábado nos encontramos a las 8:30 y corremos otros 45' esta vez por el Paseo Marítimo de Badalona.
Para haber corrido el viernes por la tarde estaba cansado y las piernas respondieron bien.
La mañana está fresquita y el viento es bastante molesto. Por suerte la vuelta se hace a sotavento y eso ayuda un poco.
Esperemos que cambie el tiempo para la maratón del domingo que viene, porque de momento la cosa pinta bastante mal.

Nubes negras

13 marzo, 2006 · 12 comentarios


El sábado de nuevo me reuní con mi Maestro Alfons, para seguir con mi entrenamiento para en un lejano futuro poder ser considerado caballero Jedi.

En alguna ocasión ya he metido la pata por bocazas pero veo que no aprendo. El jueves le escribí un mail contándole a Alfons mis "tiempazos" en la sesión del miércoles y ante semejante rendimiento deportivo, programó para el sábado una nueva sesión de "Avance", o lo que es lo mismo, apriétate los machos que te voy a deslomar corriendo piltrafilla.

La sesión iba a transcurrir por un parque urbano de Cerdanyola que mide 2000 metros de punta a punta. El perfil no es llano ni mucho menos. Tienes sus subidas y sus bajadas y si se recorre en el otro sentido tiene sus bajadas y sus subidas.

Al encontrarnos a las 8:00 AM, me comenta lo que tiene previsto para esa sesión: un parque de calentamiento, dos parques a "ritmo de umbral", un parque de recuperación, dos parques otra vez correcorrequetepillo y un parque de enfriamiento.

Yo de matemáticas no estoy muy fuerte, pero enseguida llego a la conclusión de que 14 quilómetros son demasiados para mi cuerpo y todavía más si hay 8000 metros de carrera matapiltrafillas.

Le hago saber mis dudas e inquietudes y me responde con su frase de siempre: "venga, que tú estás hecho un campeón". Como no nos ponemos de acuerdo respecto a mi capacidad atlética, zanja la conversación con un inquietante "bueno, ya veremos".

Los 2000 metros de calentamiento acaban antes de lo que me hubiera gustado y empieza la fiesta.
Si el miércoles los 2000 metros de carrera rápida se me hicieron largos, estos 4000 metros me parecen más del doble. Correr por tierra, con sus piedras sueltas, sus subidas y bajadas y sus mosquitos primaverales que te vas tragando, no ayudan mucho a concentrarte en la carrera.
Aún así, hago un tiempo más que prometedor de 18'54" (9'22" y 9'32") a un paso de 4'44" por km.

He logrado acabar los 4000 pero estoy fundido. Empezamos la recuperación a trote cochinero y mientras mi Maestro me va felicitando, en mi cabeza se va formando una conspiración que no puedo controlar. Mi mente se ha sublevado y se niega a que mi cuerpo vuelva a hacer este esfuerzo. Por más que intento convencerla de que esto es bueno, que hay que entrenar, no hay manera. Supongo que en nuestro cerebro debe haber algún mecanismo de protección contra "usuarios suicidas y/o torpes" y se me ha activado.

Me da por pensar que el cuerpo humano es sabio y que cuando mi mente se niega a hacer ese esfuerzo por algo será. Veo esta negación como una especie de aviso antes de que algo se termine de romper y lo último que quiero es lesionarme. ¡Eso ya es la puntilla!.

Le explico la rebelión a mi Maestro y empezamos a negociar una vuelta más pequeña cuando acabemos los 2000 de recuperación.

No quiero rendirme a mis pensamientos sin dar batalla así que acepto una vuelta corta para terminar el entrenamiento. Esta vuelta finalmente mide 1350 metros y la hago en 6'23", lo que me vuelve a dar un paso de 4'44". Parezco suizo, no porque lleve sombrero tirolés que no pega mucho, sino por la precisión de la carrera.

Al final, como era de esperar, no se ha roto nada. He dejado que mi "mecanismo de protección" se salga con la suya pero no del todo, porque aquí mando yo, bueno, cuando no está mi cónyuja.

Mientras enfriamos, Alfons no para de felicitarme, de decirme que "estoy hecho un campeón", cuando en ese momento aparecen unos nubarrones negros en el horizonte de mi futuro, como no había visto en mucho tiempo. Sin inmutarse va y suelta la frase "el año que viene corremos la Maratón de Valencia". "¿¿¿¡¡¡Cómo has dicho!!!???, ¿¿¿He oido la palabra maratón???".

Me da la risa floja, pero cuando veo la cara de convencimiento que tiene, se me corta la risa de golpe. En ese momento recuerdo que es la misma cara que tenía cuando me dijo que íbamos a correr un duatlón y vaya si lo hemos corrido.

Definitivamente se avecina tormenta y de las buenas. Mi futuro se ve negro.

Estoy que me salgo

09 marzo, 2006 · 6 comentarios


Esta mañana me he levantado un poco más cansado de la cuenta. No es que cuando diariamente suena el despertador cerca de las 6 de la mañana uno esté para tirar cohetes, más que nada porque no son horas, pero hoy menos todavía.

No me dolía nada, ni tenía agujetas, ni cansancio muscular. Sólo era sueño, seguramente por acostarme más tarde de lo acostumbrado por escuchar el partido de Champions en la radio.
Para más INRI hoy tenía programada mi primera sesión de entrenamiento interválico -jo, como suena- y el cuerpo no estaba mucho por la labor, por lo menos de buena mañana.

La intranquilidad de lo desconocido me ha tenido todo el día un poco nervioso y dudando de si sería capaz de cumplir con la misión encomendada por mi Maestro Jedi Alfons.

Como introducción a este tipo de entrenamiento, me había prescrito la siguiente sesión:
  • 2000 metros de calentamiento.
  • 2000 metros a tope.
  • 2000 metros de recuperación.
  • 2000 metros a tope.
  • 2000 metros de enfriamiento

Seguro que a un corredor más experimentado esto le parecerá fácil y suave, pero es que estamos hablando de mí, Santi el Piltrafilla, si, ese que tenía como máxima “correr es de cobardes”, el mismo que empezó a correr hace sólo 32 días, por lo que la intranquilidad creo que estaba más que justificada.

Tras volver del trabajo y comer sigo teniendo más sueño todavía así que, como mis obligaciones de padre están cubiertas esta tarde, decido echar una cabezadita y luego ya saldré a correr.

Anque tengo sueño y el ambiente es más que apropiado, no consigo dormirme. No hago más que darle vueltas a la cabeza – en sentido figurado, no como la niña del Exorcista- con la leche de las series, así que me incorporo, me disfrazo de corredor y me voy a acabar con la faena cuanto antes mejor.

Ya tenía decidido ir al Paseo Marítimo de Badalona, así que llego, pongo a cero toda la electrónica que llevo encima y empiezo los 2K de calentamiento. Siempre me pasa igual, los primeros 300 metros de calentamiento me encuentro fatal, sin ritmo, como si mi cuerpo se rebelara y no quisiera correr. Suerte que, poco a poco, la cosa mejora y voy encontrando el ritmillo.

Lo bueno se acaba, así que llego al momento donde se supone tengo que apretar y lo hago lo mejor que puedo. Intento llevar un ritmo constante y lo más fuerte posible, pero teniendo en cuenta que debo llegar al final de la serie fuerte. “No vale fundirse los primeros 100 metros y luego andar”, me dijo mi Maestro.

Intento relajar los hombros y llevar una zancada larga y parece que lo consigo. Miro el GPS por primera vez y ya llevo 600 metros, “ya falta menos”. A lo lejos veo otro runner y parece que lo estoy pillando. Me niego a ponerme como meta adelantarlo. Esto va de hacer series. Las carreras otro día.

Cuando llevo 1200 metros lo adelanto a toda pastilla. Espero que no se pique, que no es mi intención, es que mi Maestro me lo ha mandado.

Poco a poco me olvido de él. Bastante tengo con bufar e intentar regularme, hasta que, finalmente, llego al final de la serie.

Ha sido dura, estoy fundido, pero no me paro y sigo corriendo en “trote cochinero”. Miro el cronómetro y alucino pepinillos: 9’09”. Un rápido cálculo mental y llego a la conclusión de que he hecho 2K a un paso de 4’35” por km.

Estoy eufórico pero enseguida me doy cuenta que todavía me faltan 6K por correr y 2K de ellos serán otra serie igual de infernal.

Aprovecho la recuperación para lo que se supone que está y casi sin darme cuenta ya estoy otra vez en el principio de la segunda serie.

Vuelvo a acelerar y esta vez parece que la serie no se me está haciendo tan larga. A lo lejos vuelvo a ver al mismo runner de antes que se ha dado la vuelta. Otra vez lo voy a adelantar. Se va a creer que todo el rato voy corriendo a este ritmo y no puedo evitar una sonrisilla hasta que mi Pepito Grillo particular me grita “a ver si estamos a lo que estamos”. “Sórdenes” respondo y cuido un poco más la técnica de la zancada que se estaba desmadrando.

Este paseo marítimo va paralelo a la vía del primer ferrocarril de España, Barcelona-Mataró, y yo por hacerle los honores llego al final de la serie bufando como una locomotora a vapor.
Miro el tiempo y 9’04”. Un poco más y clavo los tiempos de las dos series.

Ya sólo me faltan 2K a ritmo de “tranquisqueporhoyyahemoscumplido” hasta llegar al coche, donde me bebo un Isostar como un campeón, hago mis estiramientos y para casa.

Teniendo en cuenta mi bagaje como runner, estoy más que satisfecho con el entrenamiento de hoy.

Cuando se entere mi Maestro, seguro que me propone para Padawan.

De nuevo a la carga

06 marzo, 2006 · 2 comentarios

Todos sabemos que las sesiones de descanso son una parte importante en el entrenamiento, aunque a veces cueste de creerlo. ¿Pero cómo voy a mejorar echando la siesta? Pues doy fe de ello. Me explico.

El domingo por la tarde ya empecé a notar fuertes molestias en las piernas. Daños colaterales como consecuencia de la incursión en las tierras de Gondor, que por cierto, estaban llenitas de orcos disfrazados de duatletas. Cosas del carnaval, supongo.

Esa noche ya dormí fatal pues cada vez que quería darme la vuelta en la cama me despertaba con dolor en las piernas. Al levantarme el lunes por la mañana para ir a trabajar, casi me caigo de morros pues no podía ni andar.

Las contracturas del cuadriceps izquierdo y del gemelo derecho habían mutado en mis piernas y las habían convertido en dos palos de escoba. ¿Cómo voy yo a trabajar así?, pero, ¿cómo llamo para decir que no voy?

Empecé a caminar - es un decir- arriba y abajo por el pasillo de casa hasta que, poco a poco, se empezó a pasar un poco el dolor. Me acordé de las Historias de Santi Palillo y me tomé un espidifen que al cabo de un rato me hizo el efecto que se esperaba.

Así he pasado dos días inolvidables, sobre todo cuando tenía que subir o bajar escaleras.

El miércoles ya tenía decidido volver a los entrenamientos, pero haciendo caso de los sabios consejos de mi cónyuja, cambié la vuelta suave en bicicleta prevista por 1h35’ de siesta española. Si señor, una siesta de Padre Nuestro, pijama y orinal que me devolvió al mundo de los vivos, abandonando el de los zombies, sobre todo en los andares.

Dudo mucho que 1h35’ de siesta pueda considerarse como una sesión de Recuperación Activa, pero lo cierto es que me sentó de maravilla pues me acosté con molestias en las piernas y me levanté como nuevo. Si es que nuestros abuelos ya sabían lo que hacían con la siesta. Con razón los guiris, perdón, turistas extranjeros, cuando vienen a España alucinan.

El jueves por fin salí a dar la aplazada vuelta en bicicleta. Me sentía como el Piraña de Verano Azul, sólo me faltaba el helado. No hacía ni frío ni calor y la montaña ya empieza a oler a primavera. No estaba cansado pero el paseito fue relajado a un ritmo que me daba tiempo de ir mirando el paisaje tranquilamente. ¡Que bonito!

El viernes muy descansado y mejorado de mis daños colaterales, salí a correr. Pensaba hacer un trote ligero por terreno llano sin mayores pretensiones que las de ir estirando las piernas, pero los planes no siempre salen como uno los piensa, ya que después de calentar me empecé a sentir más fuerte que nunca. Iba corriendo sin esfuerzo y a pesar de no tener la sensación de ir rápido, los tiempos de paso eran muy buenos.
Tanto me emocioné que a los 25 minutos ya había llegado a mi Finis Terre particular, que no es otro que el Puerto Deportivo de El Masnou, que hasta el momento se me había resistido. Contento y satisfecho me di la vuelta y volví al punto de partida donde me di un homenaje de estiramientos y para casa. Allí descargué el track del GPS y corroboré que me estoy volviendo un machote.

El sábado tocaba salida con mi Maestro Jedi Alfons para una sesión de Farquaad. A pesar de lo temerario de haber salido a correr la tarde de antes, por la mañana no estaba demasiado machacado. Cometí el error de decírselo a Alfons y me obsequió con 1h5’ de sube-baja a los que le sobraron, para mi gusto, los últimos 10’. Otra vez me callo.

El domingo ya tocaba una salidita bicicletera con cara y ojos, así que volví a quedar Alfons bien tempranito. Esto de madrugar también los fines de semana es difícil de justificar, pero es lo que hay.
Tenía las piernas un poco cansadas del tute del sábado así que decidimos ir tirando y dependiendo de cómo nos encontremos decidir el recorrido.
Nada más empezar nos cruzamos con mi amiguete Jordi “Toti” Ribas, que baja de la montaña corriendo como si le persiguiese un león.
Este sí que es un campeón de los buenos. Creo recordar que fue medalla de bronce en un Campeonato de España de Maratón. Un torpedo de la pradera de mucho cuidado.

Intercambiamos saludos sin pararnos y seguimos subiendo montaña arriba. Para determinar el grado de cansancio acumulado nos cascamos un subidón por un rampote de órdago. Cuando acabamos de subir éste, nos subimos sin pestañear otro rampote conocido popularmente como “el matamachos”, tras lo cual decidimos por unanimidad que por hoy ya está bien de esfuerzos y nos vamos bajando despacito, charlando y recuperando hacia la salida.

En esta charla acabamos de decidirnos a participar en la Cursa de Bombers de Barcelona - 10kms - que se celebrará el 9 de abril próximo.
Realmente creo que nuestra salud mental deja bastante que desear, pues no hemos salido de una y ya estamos metidos en otra y además sin mucho tiempo para planificar la prueba.

Ahora sólo queda entrenar todo lo que se pueda entre siesta y siesta, eso sí.