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24 abril, 2006 · 7 comentarios

Después de unos días de vacaciones eminentemente ciclistas, he vuelto a las andadas, o mejor dicho, a las carreras, con el ánimo dispuesto a afrontar nuevos retos.

Mi Maestro Alfons es el encargado de ponerme la zanahoria delante del hocico logrando que, como buen burro que soy, siga persiguiéndola sin darme cuenta de que una cosa es perseguirla y otra bien distinta es alcanzarla.

Hace ya algún tiempo fabriqué un calendario al que, sin devanarme mucho los sesos, llamé "Calendario de los Piltrafillas" y donde mi Maestro y yo mismo hemos ido apuntando los diferentes eventos deportivos, tanto de carreras como de marchas ciclistas, que más nos apetecen realizar, a fin de ir consensuando los que haremos y los que no.

Después de la Cursa de Bombers, este calendario ha tenido un brote de eventos como si de acné primaveral se tratara: carreras de 10K, 1/2 M, han salido de la nada y se han plantado en los días que más oportunos les ha parecido. Mucho me temo que Alfons ha tenido algo que ver en todo esto, el muy ladino...
Debe ser que, viendo que no casqué en mi primer 10K, se ha creído que esto es jauja y ha debido de confundirme con un corredor de verdad al igual que le pasó al ingenioso hidalgo con los molinos de viento.

Aunque ahora me esté quejando, la verdad es que yo entro al trapo como un Vitorino de los buenos, sin que me enseñen demasiado la muleta y tardo poco en apuntarme a los bombardeos que haya, al grito de "si hay que ir se va". Debo ser de buena ganadería.

Con este panorama que se avecina, no me queda más remedio que ponerme las pilas y entrenar para esa epidemia de eventos que plagan nuestro calendario.
De momento ya he empezado a alargar las salidas y a intentar meter más volumen, aunque no creo que sea cuestión de decibelios sino de gónadas esto de ponerse a entrenar con dos pares... de narices.

El viernes, a trote cochinero, volví a retomar mis carreritas por el Paseo Marítimo. Pretendía no acelerarme y disfrutar del paisaje, volver a tener buenas sensaciones y testear las rodillas que son mi talón de Aquiles.
Con estas directrices me puse manos a la obra, bueno, fueron pies a la obra y empecé a correr. La tarde estaba nublada pero la temperatura era muy buena y el mar estaba hecho una piscina sin una ola.
Así, sin nada destacable seguí corriendo hasta que al llegar a la estación de Renfe de Montgat Norte, cuando me faltaban unos 10 metros para llegar, una muchacha de muy buen ver que estaba colocándose unos auriculares -supongo que se estaba ajustando el volumen- empezó a correr justo delante mío.
He de confesar que repentinamente perdí el interés por la playa, la arena, los surfistas -¡¡que no había surfistas, que no había ni olas!!- y por todo lo que me rodeaba. No puedo decir que perdiera totalmente la conciencia de mi alrededor pero la verdad es que perdí el interés por casi todo.

La referida compañera de actividad deportiva iba justamente a la misma velocidad que yo con lo que mantuvimos una distancia de unos 5 metros de forma estable durante 1 kilómetro más o menos hasta que se detuvo dando por terminada su carrera.
Quiero pensar que el hecho de que se detuviera se debió al cansancio y no a que notara mi mirada clavada en la nuca... o donde fuera, aunque es bien sabido que las mujeres tienen muchas más capacidades que los hombres y no me extrañaría que la hubiera notado.

Allí se quedó, con la melena morena al viento mientras yo me alejaba hacia mi destino. No me giré a mirarle la cara por vergüenza torera, pero puedo afirmar que tomé buena nota de la matrícula y de su volumen.

Comparado con este episodio, el resto de la salida no tiene el más mínimo interés.
Sólo añadir que las sensaciones fueron buenas, que las rodillas no se quejaron demasiado y que creo que no he perdido la forma en estos días de inactividad.

Sigo teniendo el Bartolo en mente, así que tendré que dejarme de matrículas y entrenar con el volumen a tope si quiero que deje de ser una utopía y se convierta en algo más real.

Cambio de tercio

20 abril, 2006 · 3 comentarios

Después de muchos días sin tocar la bicicleta, esta Semana Santa me he desquitado a base de bien.

Martes, jueves, viernes, domingo y lunes. Salidas en Collserola, Llívia, Francia, Montseny y Badalona.

Explicado así recuerda a uno de esos magníficos tours que en una semana te llevan a recorrer todas las capitales europeas, pero a diferencia de esos tours, aquí si que todo ha sido magnífico.

He podido reencontrarme con viejas sensaciones y disfrutar con la compañía de viejos compañeros de rutas, conocer nuevos colegas y nuevos paisajes. He llenado mis pulmones de aire puro y mi retina de imágenes inolvidables y de colores primaverales ya casi olvidados tras el largo invierno.

Muchos urbanitas con las agendas llenas de obligaciones y acostumbrados al corre-corre diario, tenemos la necesidad de aprovechar los días de vacaciones. Esto significa muchas veces seguir con el ritmo habitual, pero cambiando de sitio.

Definitivamente, creo que he aprovechado estos días compartiendo más horas con mi familia y amigos, procurando no tener prisa para nada, o casi, y haciendo una de las actividades que más me gustan: montar en BTT.

Ya de vuelta a la rutina laboral diaria, mi Maestro Alfons me tiene preparada una agenda atlética para los próximos meses, donde empiezan a aparecer algunas pruebas de mayor distancia. Ya he visto alguna 1/2 M, que prefiero no tomarme muy a pecho todavía.

De momento esta semana vuelvo a mis sesiones de entrenamiento para ir cogiendo el ritmo de nuevo tras este parón, pero con la moral por las nubes y con ganas de volver a correr. Creo que es un signo de que he descansado lo más importante, el coco.

Esto tiene buena pinta.

¡Ah! Si alguien se atreve con la crónica bicicletera puede verla aquí.

Este año ni de broma

09 abril, 2006 · 4 comentarios


Parece que fue ayer cuando empecé a correr. Bueno, ayer, ayer, lo que se dice ayer, no, pero repasando este blog -que para eso lo inicié- he confirmado que hace exáctamente 65 días salí por primera vez a correr en esta llamémosle "tardía etapa atlética".

Tras esos 65 días, hoy he tenido mi primer examen de runner, corriendo la Cursa de Bombers y creo que los resultados son esperanzadores.

Pero vayamos por el principio:
Esta mañana no ha hecho falta que el despertador sonara para tener que levantarme. Con tiempo más que de sobras he desayunado, me he vestido con ropa de correr, he terminado de preparar la bolsa de mano y me he despedido de la cónyuja. "Pásatelo muy bien" me ha deseado entre sueños, pero no sé porqué tenía la impresión de que no iba a disfrutar mucho hoy.

He cogido el metro que por ser domingo ha tardado muchísimo y tras un trasbordo y unas cuantas estaciones, he llegado a la parada de Barceloneta.

En el vagón había cuatro personas con una ropa y unas zapatillas "áltamente sospechosas" de participar también en la carrera.
En otras circunstancias quizás los hubiera llamado "competidores" o tal vez "compañeros", pero hoy yo no iba a competir con nadie y ni mucho menos me consideraba a la altura como corredor de cualquiera de ellos, pues aparentaban una veteranía en estos menesteres de la que todavía estoy muy lejos.

Al salir del metro la calle es una clamor de gente, muchos con la camiseta-dorsal de la prueba y otros con diversos ropajes de carácter deportivo.
Embobado con el ambiente y con el despliegue de medios de todo tipo, atravieso la línea de salida y me dirijo hasta donde he quedado con mi Maestro Alfons. Son las 8:45 y se supone que a esta hora nos hemos de encontrar pero, de momento, no está.

Me siento tranquilamente en un escalón al borde de una estatua ecuestre a esperar a mi maestro, pero éste no aparece.
Conforme la hora avanza, lo que era un grupito de personas empieza a convertirse en una concentración respetable y ya no puedo estar seguro de que nos encontraremos.

A las 9:10 saco el teléfono móvil y marco su número para ver dónde se encuentra ya que considero el retardo excesivo, pero tras bastantes tonos de llamada, me responde la mujer de Alfons. Me comenta que ha salido de casa con tiempo de sobras pero que no se ha llevado el móvil. Sí, ya veo que no ha traido el móvil, seguramente en casa le servirá mejor que llevándolo encima. Será...

Cuando estoy a punto de abandonar la búsqueda del Alfons Perdido, oigo su grito de guerra: ¡¡¡Chiquitíiiin!!! y al girarme veo que lo tengo justo detrás. El muy canalla ya se ha cambiado de ropa, ha ido al guardarropa a dejar la bolsa y me mira con cara de no haber roto un plato, mientras yo debo tener cara seria pues enseguida se disculpa diciéndome que al no verme había decidido ir por faena.

La espera no tiene importancia ahora que ya estamos juntos. No me imagino tener que debutar sin la compañía de mi Maestro y sus sabios consejos.

Dejamos mi ropa en el guardarropa y empezamos a calentar después de una visita obligada y casi urgente al WC. Durante el calentamiento acabamos de concretar la "táctica de carrera", hacemos unos estiramientos y para la línea de salida que esto está a tope de gente y vamos a salir los últimos.

Como en un concierto de los Rolling Stones parecemos sardinas en lata esperando la salida. Me acuerdo de mi amigo FJ Linares al recordar cómo me describió esta escena hace algún tiempo: "olor a Reflex, gente saltando y gritando y las pulsaciones por las nubes a pesar de estar quieto"

Van dando la salida de los cajones "de los que corren" hasta que nos toca a la plebe y empezamos a andar poco a poco. "Jo, parece que el ritmo va a ser tranquilo pero así no llegamos ni mañana" pienso para mis adentros, aunque al acercarnos a las alfombras la gente ya empieza a correr.

Pongo en marcha el crono y ¡¡comienza la carrera!!.
Pensé que me pasaría la gente por encima pero resulta que soy yo el que va adelantando a mucha gente y eso que quería empezar tranquilo. Es difícil pasar pues no hay sitio y tengo que ir buscando huecos.

Primer kilómetro en 5:11. Estoy bien, miro el pulsómetro y voy por las nubes, pero ni voy asfixiado ni mucho menos, así que paso de él y tiro palante. Pienso en cronometrar cada kilómetro y después de trastear un poco el pulsómetro consigo poner el crono de vueltas en marcha. Cosas del directo.

Subimos por la Avenida Parelelo y todavía sigo adelantando a mucha gente. Aquí dejo la calzada central y me meto por el carril bici que está bastante menos lleno y puedo correr más a gusto.
Segundo kilómetro en 5:00.

Giramos por la Calle Entenza y no sé cómo choco con un torpedo de la pradera que cruza la calle entre los corredores. No lo veo aparecer y cuando lo tengo encima sólo me da tiempo a girar un poco el cuerpo y darle con el hombro. Es un chaval de unos 20 años y por la evidente diferencia de peso, envergadura y velocidad, tras chocar conmigo sale rebotado y casi se cae al suelo.
Antes de que me de tiempo a decir nada, todos los corredores empiezan a gritarle y a recriminarle su acto. He tardado 2 kiómetros y pico en darme cuenta que formo parte de "la manada", no porque no me hubieran aceptado antes, sino porque estaba demasiado ocupado mirándome a mí mismo como para pensar que somos un conjunto donde nos preocupamos los unos de los otros.

Esta sensación de "manada" ya la había tenido en mis marchas en BTT, pero no se me había ocurrido que en el running también pasaría lo mismo y es una sensación reconfortante.

Tercer kilómetro en 5:06.
Ya en la Gran Vía se ensancha el recorrido y puedo correr a gusto sin tener que ir pensando por donde adelantar.

Cuarto kilómetro en 5:00.
Voy con las pulsaciones por las nubes. Nada que ver con la "táctica de carrera" que habíamos planeado con mi Maestro, pero como me encuentro bien decido que voy a crear y utilizar la "táctica El Lute: camina o revienta", que consiste en pasar del pulsómetro y dejarme llevar por las sensaciones y cuando reviente ya bajaré el ritmo. Táctica rudimentaria donde las haya pero es que estoy verde en esto de las tácticas. Tendré que estudiar más.

Avituallamiento líquido y paso de coger nada, estoy acostumbrado a correr una hora sin beber, tampoco hace mucho calor y la camiseta Nike Sphere es una pasada. El color es un poco cantón pero hace su labor de mantenerte seco a la perfección.

Quinto kilómetro en 4:56. Jo, ya era hora de bajar de 5:00 min/km, porque así no voy a poder bajar de 50 minutos.

La marca del sexto kilómetro no la veo. Quizás voy ciego, pero ya han pasado más de 5 minutos y no veo la marca. Por un momento pienso que me ha dado una pájara y he bajado el ritmo sin darme cuenta, pero veo que voy a ritmo así que sigo palante.

Por fin veo la marca del kilómetro 7 y llego en 9:42. Bueno, este ritmo me gusta más y ya sólo quedan 3 kilómetros "de nada".

Veo la liebre de 55 bastante delante mío y alucino. Pero si voy en 5:00 min/km ¿cómo va a ir delante mío?. Como soy un piltrafilla tardo un poco en darme cuenta de que la liebre lleva un tiempo diferente al mío porque yo voy cronometrando el tiempo neto y es algo diferente del tiempo total. De todas formas me marco como objetivo alcanzarla.

Octavo kilómetro en 4:54 y todavía no he petado.
Alcanzo a la liebre de 55 justo en la bajada de Via Laietana y aprovecho para apretar un poco, aunque me da miedo vaciarme del todo y petar antes de llegar a la meta.

Noveno kilómetro en 4:46. Ahora si que ya llego, esto ya no se me escapa. Final de Via Laietana y los últimos metros hasta la llegada.

Hay cantidad de gente animando y eso acaba de darme alas, veo la meta y aprieto lo que puedo. Me acuerdo de las cámaras de la llegada y me coloco en el centro para salir "guapo".

Por fin atravieso la meta. He llegado y creo que en menos de los 50 minutos que me había marcado como objetivo. Con la emoción se me olvida parar el crono y hasta pasados unos segundos no me doy cuenta. ¡Menuda empanada.!

Recojo mi bolsa de avituallamiento y me bebo el Gatorade mientras voy al encuentro de mi Maestro, comentamos la carrera, nos felicitamos de haber acabado y nos despedimos hasta el martes que haremos una salida en bici.

Llamo a la cónyuja para decirle que todavía no es viuda y me felicita como si hubiera ganado. Si es que es más buena...

Ya esta tarde salen las clasificaciones y veo mi tiempo neto: 49:29. No estoy muy de acuerdo con la clasificación por puestos que han hecho pues han tomado como criterio el tiempo absoluto y evidentemente no es nada objetivo a mi entender beneficiando a los que han salido delante.

Mi Maestro Alfons ha hecho un tiempo de 44:52. Está hecho un campeón.

Por la tarde hablamos por teléfono y llegamos a la conclusión de que podríamos haber corrido más, pues no estamos excesivamente cansados. Estamos de acuerdo que eso de tener que correr desde tan atrás e ir adelantando tantos corredores nos ha penalizado bastante, aunque con mis 65 días de antigüedad como runner la verdad es que me doy por muy satisfecho.

Creo que la experiencia ha sido muy positiva pues jamás me había visto en medio de semejante follón.
Ahora a mirar el calendario y a marcar nuevos objetivos. El primero adelgazarme un par de kilos. :-)

Mal estudiante.

06 abril, 2006 · 5 comentarios


En mis tiempos de estudiante, nunca he sido de esos que llevan todo preparado y sabido con mucha anticipación. Más bien he sido del otro grupo, de los que lo dejaban todo para el último día, última hora, último minuto.
A pesar de esto los objetivos académicos se fueron cumpliendo dignamente, aunque con algún que otro tropezón sin mayor importancia.

Cuando empecé en esto de dar zancadas nunca pensé que debería examinarme de nada o por lo menos nunca me avisaron de que tendría deberes por hacer. Aun así ya vamos a por el segundo examen.
El primero lo aprobé justito. Fue de aquellos de 4,75 que al final, misteriosamente, se convierten en un 5 por gracia divina.
Como no quiero que me quede para septiembre, me propuse aplicarme un poco más y sacar mejores "notas" en la próxima evaluación.
He intentado ser un alumno aplicado y hacer todos los deberes que mi Maestro me ha mandado en estas semanas, aunque estas últimas semanas me he saltado algunas lecciones a la torera y en otras no he leido bien el enunciado y me he ido por los cerros de Úbeda.

Hablando de cerros, eso es lo que me pasó el domingo, que a pesar de que no me tocaba para nada ir a la montaña, debo de tener alguna mutación genética cabruna (con U) que hace que el monte me atraiga como un imán y allí que me presenté para correr por esos caminos que ahora con la primavera, están maravillosos.

No es que en el paseo marítimo con este tiempecito primaveral se esté mal ni mucho menos, pero es que en domingo, con el sol y el calor que empieza a hacer ya, no hay quien pare de la cantidad de gente que se congrega allí. Además eso de correr al lado de la arena tiene sus inconvenientes aunque algunos no se lo crean. Con estos días de sol, la playa se llena de "distracciones" y ni estás por lo que tienes que estar, bajas el ritmo para mirar el "paisaje" y además el índice de accidentes de todo tipo aumenta muchísimo. De las manchas de baba en la camiseta no hablo.

Con este panorama me decidí a cambiar playa por montaña y pegarme un Farquaad de "no te menées", por la temible "subida del depósito" y continuando hasta la torre de vigilancia "BRAVO".
Este domingo había más ciclistas que nunca así que no quiero imaginarme cómo estaría la playa...
La subida la hice a buen paso ante las miradas de sorpresa de mis colegas ciclistas cuando les adelantaba y todavía tenía aliento para saludarles mientras que ellos me respondían con un simple movimiento de cabeza.
Evidentemente no es que yo me haya mutado en un corredor expléndido, a la vista está que no, sino que la dichosa subida es empinada de narices y tenerla que subir tirando de entre 12 y 15 kilos de bici, pues no es nada fácil. De hecho yo mismo tardé meses en poder subirla en bici cuando me iniciaba.

La bajada la hice por una trialera que está llena de madroños y que cuando dan su fruto tiñen el suelo de rojo. Bonita y complicada bajada llena de piedras, rocas y suelo arenoso que provoca peligrosos resbalones. Aquí he de resaltar mis zapatillas de montaña.
El mes pasado, en un outlet de Nike, encontre de super-rebajas unas zapatillas de trail y no pude resistir la tentación, pues por 40 € pensé que aunque fuera para ir a comprar el pan ya estaban bien. Así me agencié unas zapas de trail con Goretex XCR, suspensión Air Zoom y hasta ahora sólo las había utilizado para entrenar en tierra con Alfons pero en un terreno sin mayores complicaciones.
El domingo las llevé a su medio natural y se comportaron como unas campeonas. Ni un resbalón, ni un amago de torcedura de pie, ni una piedra que se clave en la planta del pie. ¡¡Qué diferencia con mis Asics de "carretera"!!, que las pobres hacen lo que pueden en montaña. Si es que a cada cual lo suyo.

De momento sigo impaciente esperando el examen del domingo. Ya me gustaría a mi que fuera tipo test, pero me da que va a ser de desarrollar.