Allá vamos...
¡Uy, cómo está esto!

¡Buff!, ¿Por dónde empiezo?
La verdad es que tengo el blog hecho unos zorros, con unos hierbajos de unas dimensiones más que considerables. ¡Esto parece la selva!
Espero que con esta pedazo de máquina de cortar el césped, igualita que la de mi admirado Forrest Gump, el trabajo me sea más llevadero y pueda acabar con el abandono en un periquete.
Los motivos de que esto se haya puesto así de malas hierbas y de telarañas no son otros que un cúmulo de circunstancias laborales y familiares que me han tenido más ocupado de la cuenta, aunque en esta época del año acostumbra a pasarme esto. ¿Será alguna alergia primaveral?
Aunque para lo que sí que he tenido tiempo ha sido para ir entrenando con más o menos asiduidad. He ido alternando bicicleta con carrera a pie y creo que la cosa no va mal, pues yo me veo más en forma que nunca.
En la última marcha ciclista que participé (la Cabrerés) acabé de los primeros y estuve todo el tiempo adelantando gente. Además me pareció más llevadero que otros años.
También en mis entrenamientos de runner me veo con más fondo.
Aunque es una manera un poco extraña de correr, pues debo ir pendiente de ella, le he encontrado gusto a eso compartir ese tiempo juntos.
Para muestra, una tarde de hace un par de sábados decidimos ir a dar un paseo en bici/corriendo. Así salimos de casa con la intención de ir hasta el paseo fluvial del río Besós, pero al llegar allí nos fuimos animando y acabamos en el recinto del Fórum, donde la retoña se lo pasó en grande en un parque muy chulo que hay allí.
Entre ir y volver fueron casi 15 kms y algunos de ellos fueron a un ritmo bastante alto, pues cuando la moza pone un piñón pequeño en llano me lleva con la lengua fuera y casi no puedo seguirle el ritmo.
Aparte de estos episodios paterno-filiales que tanto me gustan y emocionan, también he salido a correr solo y con mi hermano, el cual no hay manera de convencer para que me acompañe al Bartolo, pero ya se sabe que más copula el burro por pesado que por guapo, así que como se descuide lo inscribo y me lo llevo, je, je.
El que lleva una temporadita un poco perdido es mi Maestro Alfons, que entre unos fines de semana que no está aquí y dos pequeñas intervenciones quirúrgicas en menos de un mes, está un poco fuera de juego. Suerte que está hecho un campeón y seguro que enseguida se recupera y vuelve a las andadas.
A ver, a ver..., creo que de momento no me dejo nada...¿no?
¡Ah, si! Casi se me olvida.
Ahora voy a ver si consigo cargarme todos estos hierbajos...
Pues va a ser que...¡¡NO!!

Lo que no puede, no puede ser y además es imposible.
Muchas veces me hubiera gustado estar en dos sitios diferentes al mismo tiempo y no me refiero a eso de estar en la luna de Valencia mientras estás en cualquier reunión de esas tan interesantes, por ejemplo, que eso está al alcance de cualquier piltrafilla.
Me estoy refiriendo a estar físicamente en dos sitios a la vez.
Incluso los señores de Hollywood han llevado este tema al cine, con más o menos acierto, pues ya se sabe que esto va a gustos.
He buscado afanosamente en Google a ver si encontraba alguna rutina de entrenamientos que me permita estar aquí y allá a la vez pero no he sido capaz de encontrar nada y eso que en el Google se encuentra de todo, pues nada, que no lo he encontrado.
¿Y a que viene este afán por el don de la ubicuidad? Bueno, realmente, cada mañana cuando suena el despertador me gustaría tener esta cualidad divina, pero después de tomar el café matutino se me pasa un poco.
La urgencia por encontrar una solución a ese problemilla de no poder duplicarse viene por la concurrencia de día y hora de dos eventos a los que obligatoriamente tenía que ir.
Desde hace un año mi retoña está entrenando para participar en la Mini-Cabrerès, que es algo así como la versión infantil de una de las más famosas marchas de bicicleta de montaña que se celebran en España.
Así para su sexto cumpleaños pidió como regalo una flamante bicicleta. "Pero que sea muntanbaic como la tuya, ¿eh, papa?". Sobra decir que el padre de la criatura removió cielo y tierra hasta encontrar una preciosa muntanbaic acorde con lo que la situación requería.
La muntanbaic a escala de la retoña
Los Reyes Magos también participaron del ambientillo trayendo expresamente desde Oriente y a lomos de un camello, un culotte para que las tiernas posaderas sufrieran lo mínimo posible con el trajín de los baches.
Conforme el día D se ha ido aproximando, han aumentado los entrenamientos e incluso un día hemos ido a la montaña con revolcón y arañazos en las rodillas incluidos, pero en ningún momento el interés de la retoña ha disminuido ni un ápice. Aquí quiero puntualizar que no he tenido la intención de forzar la situación ante el miedo a un posible rechazo por su parte. Prefiero que la lluvia fina vaya calando a que un chaparrón se transforme en riada y mande todo a tomar porsaco.
Por otro lado cuando mi Maestro Alfons me propuso participar en la duatlón, la única condición que me puso mi cónyuja fue que no se solapara con la movida bicicletera de la retoña. Sobra decir que yo tampoco estaba dispuesto a faltar a mi palabra y desilusionar a mi niña, pero por si acaso ya me habían marcado el terreno peligroso que no debía pisar.
Bueno, pues después de comprobar que la salida del duatlón era bastante tarde y que debía de ir de una punta a la otra de la provincia de Barcelona, he tenido que rendirme a la evidencia de que no tengo tiempo de ir a Vilanova i la Geltrú y después ir a L'Esquirol con mi niña. En realidad tiempo si que tengo de ir a un sitio y luego al otro. De lo que no tengo tiempo es de HACER LA DUATLÓN en Vilanova y llegar a tiempo a L'Esquirol.
Ante esta realidad no podía tomar otra determinación que anular la participación en la duatlón y dejarlo para mejor ocasión.
Como soy un poco chapado a la antigua, me da nosequé faltar a mi palabra y donde dije digo, digo Diego, así que he estado bastante disgustado por tener que decirle a Alfons que, va a ser que no. Lo que no me esperaba es que él también tuviera problemillas y que se estuviera replanteando su participación. Esto me ha quitado un peso bastante importante de encima, pues me hubiera sabido muy mal dejarlo colgado.
Es evidente que las cosas hay que planificarlas con un poco más de tiempo y orden, o se corre el riesgo de que salga un churro, como ha sido el caso.
Ante esta situación, he vuelto a la planificación original, pues ya se sabe que lo mejor es dejar que las cosas sigan su ritmo, y he hecho la inscripción para participar en la Cabrerés el domingo 21, donde estaremos si no pasa nada, más solo que la una pero con el ánimo de participar en una fiesta impresionante.
Sin perdón.
Érase una vez que se era un apacible Piltrafilla que estaba descansando sentado tranquilamente en el sofá de su humilde morada junto con su cónyuja y su retoña.
En el columpio

Esto de estar en el columpio es la leche.
Mientras estás arriba todo es fantástico, la vista es espléndida y todo es maravilloso, pero ¡ay amigo!... cuando el columpio está abajo, la cosa ya se ve más chunga, todo es oscuridad y no llega ni el menor rayo de sol y lo que es peor, parece que nunca vaya a llegar.
Supongo que cualquiera que lea esto se siente plenamente identificado pues todos, en algún momento, seguro que hemos tenido un columpio en nuestra vida, ¿verdad?.
Bueno, pues últimamente mi columpio se mueve a una velocidad de vértigo alternando temporadas de relajación, con tiempo para dedicar a mi familia, para salir a correr, para montar en bicicleta, para ir al gimnasio..., con temporadas llenas de todo tipo de obligaciones que no me dejan tiempo ni para rascarme, incluso durante el fin de semana.
Mientras tanto sigo esperando ese empujón que haga a mi columpio volar de nuevo.


