No puedor, no puedor...

22 septiembre, 2006 · 2 comentarios

Martes

El martes por la tarde a pesar de que los compromisos familiares me tenían los horarios más apretados que la sección de oportunidades de El Corte Inglés el día de inicio de las rebajas, me vestí de bombero-torero y me dispuse a desgastar la suela de las zapas contra el todavía caliente asfalto.

A pesar de estar ya a mediados de septiembre, el calor era más que notorio y la humedad típica de estos lares no ayudaba mucho, la verdad. Así me dirigí al paseo fluvial del río Besós con el ánimo de correr durante unos 40 minutos, que eran de los que disponía, con una cierta calidad y al grito de "aquí ya se han acabao las mariconadas".

Con poco garbo, pues la cosa no está para tirar cohetes, me fui enfrentando a las primeras zancadas, esas en las que siempre me duele todo: la rodilla izquierda, el gemelo derecho y sobretodo la estrella de esta temporada... ¡¡los isquios de la pierna derecha!!.

Para presentar debidamente a la molestia estrella diré que desde la primera toma de contacto por el lejano mes de agosto en tierras cordobesas, he venido notando esa molestia en forma de pinchazo en la parte posterior del muslo derecho. Al principio no le presté mucha atención: "Esto va a ser un trozo de lechón indigesto", después le eché la culpa al chorizo y a las morcillas pero el dolorcillo no acababa de marcharse.

Ya de vuelta en casa y a pesar de haber dejado de consumir esos derivados porcinos presuntos causantes del mal, la molestia no se iba y la notaba incluso al andar. Tres aplicaciones de Feldene Gel bastaron para que desapareciese hasta que el martes regresó sin pedir permiso siquiera. Al parecer me ha tomado cariño, ciertamente no correspondido.

Haciéndome el despistado seguí trotando y cumpliendo más o menos con lo planeado. Los primeros 30 minutos, después del calentamiento pertinente, los hice a un ritmo un poco más vivo -casi parecía un corredor de nuevo, que no un corredor nuevo pues la edad no perdona- pero al emprender el regreso a casa, justo en una cuesta arriba que pasa por delante de un Hospital -¿sería una premonición?- el dolor dijo "aquí estoy yo piltrafila"y tuve que cambiar el trote cochinero por el paseo dominguero. Está claro que, sea lo que sea que le pase a la pata, le gustan las subidas lo mismo que a mí, o sea nada de nada.

Con este panorama, al acabar la cuesta arriba seguí trotando con un poco de cuidadín hasta recoger a la retoña en la puerta del cole. El dolor, al llegar al llano se volvió a mutar a molestia y sin más contratiempos pude supervisar los juegos infantiles de mi retoña en el parque.

Miércoles
El despertar del miércoles fue bastante típico, aunque al sueño y a los bostezos habituales se les añadió un cansancio muscular en las piernas que me hicieron creer que había entrenado "con intensidad", aunque quizás excesiva...

A lo largo del día esas molestias se fueron convirtiendo en agujetas y a partir de media mañana, los primeros pasos al levantarme de una silla eran parecidos a los de un pésimo imitador del admirado Chiquito de la Calzada. Esta mutación en los midiclorianos se mantuvo durante el resto del día, acompañado a veces de un gemido de "no puedor, no puedor..." que delataba mi penoso estado físico.

Por la noche recibí una llamada telefónica de mi Maestro Alfons y estuvimos comentado el cambio de fechas para la 1/2 M de Sant Cugat donde pretende que lo acompañe y que ahora parece ser que se celebrará el 29/10. Ya veremos si llego a esa movida con perspectivas de acabarla... antes de que acabe conmigo.

Jueves
Bastante recuperado pude retomar mis gráciles andares y ahora sólo ando como Chiquito a voluntad. Durante el día la mejoría siguió y hoy...

Viernes
La recuperación es prácticamente del 100% y ya estoy pensando en que mañana sábado, si los restos de Gordon no vienen a tocar las narices por el NE peninsular, voy a ver qué aspecto tiene el Paseo Marítimo de Badalona a El Masnou dándome unas carrerillas por el lugar, ya que desde este verano no lo visito, aunque en aquellas ocasiones la sombrilla, la tumbona y las bolsas que llevaba colgadas no me permitían correr mucho que digamos. Además las chanclas playeras tampoco hubieran ayudado mucho.

¡Ay!, que días veraniegos más añorados...

El retonno

15 septiembre, 2006 · 2 comentarios



Hace ya bastantes días que quería subir el telón de este humilde blog y empezar a explicar los episodios, unas veces graciosos, otras no tanto, que han ido sucediendo durante el ya casi olvidado verano, pero por unas cosas o por otras se ha ido retrasando hasta hoy en que, ¡¡por fin!!, el gran día del retonno con la pantalla blanca del blog que me reta a ser cubierta de letras, una tras otra.

Bueno, vamos a dejarnos de rollos y cursilerías y vamos a lo que vamos ¿no?.

Las vacaciones de verano me han sentado de maravilla. No me imaginaba que las necesitaba tanto hasta después de echarme unas cuantas siestas y seguir tan cansado como si no las hubiera echado. ¡Que memorables modorras de mediodía cuando, con la barriga bien llena buscaba el camino de la cama!. ¡Ay!

Como recuerdo de los buenos momentos estivales pasados, me he traido a casa un souvenir del cual no me separo ni un momento: 2 kilos de grasa abdominal fruto de mis escarceos con el cochinillo ibérico, los chorizos, los dulces artesanos y esas comidas "light" con las que nos ha obsequiado mi suegra con su mejor intención.

Para los que vivimos - o tal vez tendría que decir malvivimos - en una ciudad, es todo un acontecimiento ver lo bien que se vive y que se come en los pueblos. Bueno..., bien, bien, lo que se dice bien... Lo cierto es que tienen unos productos naturales que en las urbes no los vemos ni en pintura y mucho menos los catamos y que, año tras año sorprenden a mis papilas gustativas y transforman a mi apolínea figura.

Aparte de las comidas insensatas, las cervecitas furtivas y las siestas de "padrenuestro, pijama y orinal", el verano en lo deportivo ha supuesto un hallazgo sorprendente, pues he descubierto que mi sufrida cónyuja es capaz de ponerse las zapas y salir a trotar conmigo, al principio alternando correr y andar, pero al cuarto día ya manteniendo un más que admirable "trote cochinero", bien propio de las tierras cordobesas por donde transitábamos.

Ya de vuelta al domicilio familiar, la principal actividad deportiva ha consitido en recorrer centros comerciales para volver a llenar la nevera que se hallaba en un lamentable estado de olvido gastronómico. También he incluido en la rutian de entrenamiento el levantamiento de bolsas de patatas y demás frutas y verduras.

Un poco harto de esta abstinencia atlética, el pasado sábado me decidí a salir a correr, aunque temeroso de encontrarme con mi estado de forma real -nada que ver con la sangre azul- decidí salir solo y así no tener que pedir a nadie que me esperara.

Como temía, mi estado de forma, ya de por sí poco brillante, es lamentable. Mientras me arrastraba por el paseo fluvial del río Besós, bufando como una locomotora de vapor, iba maldiciendo en arameo a los cochinillos de pata negra y a la cerda de su madre, a los chorizos y a la cuerda que los ató...

Es evidente que la programación de una 1/2M para el próximo día 1 de octubre que había hecho mi Maestro Alfons, no es más que una quimera y deberá esperar a una mejor ocasión.

Para empezar a buscar esa forma física que tanto cuesta encontrar y tan poco perder - esto debe de ser algún tipo de maldición azteca- también he empezado a salir en bici por esas montañas a ver si detrás de algún matorral la encuentro, aunque me temo que voy a tardar un "ratito".

También en esto de la bici he reclutado para la causa a mi querida cónyuja y ya me ha acompañado alguna vez con su flamante bici en mis salidas montañeras con un resultado más que prometedor, casi amenazante diría yo, pues si en cuatro salidas que ha hecho lleva el ritmo que lleva, no tardaré mucho en tener que pedirle que me espere en las subidas. Tiempo al tiempo.

Punto y aparte

19 julio, 2006 · 2 comentarios

"CERRADO POR VACACIONES"

Ahora que las tan ansiadas vacaciones de verano ya están a la vuelta de la esquina y esta temporada va tocando a su fín, parece un momento tan bueno como otro cualquiera para hacer un mini-balance.

Quien me iba a decir a mí, allá por los últimos días de enero cuando inicié este blog para contar las experiencias derivadas de esta estrafalaria y extravagante idea de ponerme a correr, que completaría todos los retos que ya llevo en mi mochila de la experiencia.

Estos seis meses han dado para mucho y más teniendo en cuenta que yo no corría ni para coger el autobús y que la última vez que había corrido fue en la mili hace ya... uff, demasiados años.

Si a la vuelta de mi primer "entrenamiento" -entre muchísimas comillas- alguien me hubiera dicho que iba a correr una duatlón de montaña, un 10K y una carrera de montaña de 24K, además sin daños colaterales, pues sencillamente le habría tachado de loco.

Mis objetivos han sido modestos, pero creo que el objetivo principal se ha cubierto con creces. El ocasional lector de este humilde blog se preguntará ¿y cual es ese "objetivo principal"?. Bueno, pues no era otro que PASARLO BIEN y que tras participar en una carrera me sigan quedando ganas de volver calzarme las zapas y salir a correr.

Ahora me retiro a mis dominios vacacionales hasta que la actividad laboral me vuelva a reclamar y aunque me llevo las zapas y la ropa necesaria para salir a correr, supongo que "calor" y "madrugar" van a ser dos grandes enemigos que me van a "obligar" a descansar.

¡¡Bendito descanso!! que pienso aprovechar para cargar pilas de cara a un próximo año que se presenta cargadito de nuevos retos. De momento mi maestro Alfons ya tiene un calendario secreto con una 1/2M y varios 10K, pero por ahora prefiero no agobiarme y seguir a lo mio: playita, siesta, gazpacho, familia y risas.

Con las maletas preparadas para la huida estival sólo me queda colgarle al blog el cartel de "Cerrado por vacaciones" y despedirme hasta la vuelta deseando que las merecidas vacaciones os aprovechen tanto como merecéis.

Esa bestia llamada Bartolo

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La bestia vista desde la habitación del hotel.


Viendo la pinta que hacía el perfil impreso en el folleto de la VIII Marxa al Bartolo, ya se intuía que la cosita iba a estar difícil, incluso antes de conocer al señor Bartolo en persona.

Al aterrizar en Benicàssim el sábado por la mañana y ver la pinta que hacía Monsieur Bartolo en persona, se confirmaron mis peores sospechas. Menudo montañón que íbamos a subir, o no...

En el mismo hotel estábamos alojados mi tocayo Santi Palillo, Frasi (de club42195) y un servidor junto con nuestros respectivos acompañantes. Tras los saludos y presenataciones de rigor, nos dirigimos a darnos un bañito a la playa y desde allí seguimos comentando la amenazadora silueta de Mister Bartolo.

Durante la posterior comida nos lo pasamos bomba explicando cantidad de anécdotas y luego nos relajamos dentro de lo posible con una siesta.
Los tres presuntos atletas nos reunimos para ir al centro de Benicàssim a recoger la bolsa del corredor, los dorsales y chips. Allí tuvimos la oportunidad de conocer en persona a la mismísima Jungla y a muchos otros corredores de los que no recuerdo el nombre. Sobra decir que mi tocayo Palillo estaba en su salsa charlando con un montón de gente, pues parece que tiene un don especial para conocer a todo el mundo.

Yo, como buen novato en estas lides, miraba los toros desde la barrera atento a los comentarios de los más expertos. "He entrenado a tope y quiero hacer 2:30", "pues este año yo lo hago en menos de 3:00 como que me llamo Bartolo", "La parte más chunga, las Agulles", "Cuidado con la segunda bajada que tiene unas piedras criminales". En fin, que cada cual iba dando su opinión y yo pensaba "Pues yo me conformo con acabarla y yastá".

Me sorprendió muchísimo el acusado interés en las marcas de muchos de los corredores "populares", pues en el mountain bike esto no pasa tanto y la gente va a las pedaladas a participar y a acabarla.

Tras la cena y un pequeño paseito por el Paseo Marítimo, nos dirigimos al hotel para intentar descansar hasta las 6:00 del domingo, hora en que habíamos quedado los tres para desayunar.

Tal vez fuera la cerveza de la cena o tal vez la falta de presión, incluso me atrevería a decir que la inconsciencia sobre lo que nos esperaba, pero la cuestión es que fue llegar a la habitación y, tras preparar los bártulos del día siguiente, caer en brazos de Morfeo hasta el toque de diana del despertador.

Me vestí y me despedí de mi amada cónyuja que, todo sea dicho, tenía una mala premonición sobre la dureza de la prueba y mis más que dudosas aptitudes en esto de la carrera a pie. "Prométeme que si te encuentras mal te retirarás" me había reiterado en días anteriores y yo como buen y obediente esposo que soy lo había prometido aún a regañadientes. Evidentemente la cara que tenía al despedirme de ella era de bastante preocupación.

Tras desayunar con varios atletas más en el comedor del hotel nos dirigimos hacia la salida donde SP volvió a saludar a más corredores. Este tío tiene una cartera de conocidos inagotable.
Después de buscar a Jungla por todas partes sin encontrarla, al colocarnos en la salida, es ella la que nos encuentra y nos saluda. Nos deseamos suerte en la carrera y cuando miro el pulsómetro ya estoy a 140 ppm. y eso que quería correr sin presión. Un minuto de silencio y cañonazo de salida.

Como mi tocayo se había comprometido ante mi preocupada cónyuja a ser mi ángel de la guarda durante la carrera, soy yo el que marca el ritmo, que es el que me gusta cuando me enfrento a una prueba desconocida: CONSERVADOR. Así salimos trotando como podemos, adelantando a los andarines y siendo rebasados por los que corren de verdad.

Llegamos al primer estrechamiento en el túnel que pasa bajo la AP-7, con su consiguiente embotellamiento y luego seguimos trotando cuesta arriba. El desnivel no es acusado y todavía se puede correr bastante bien, así que despacito pero vamos avanzando.

Se acaba la pista ancha y encontramos el primer embotellamiento serio pues todos tenemos que pasar por una fila de a uno al incorporarnos a una senda estrechita. La verdad es que agradezco este parón y aprovecho para recuperar. En este tramo se alternan trozos por pista estrecha y otros más anchos, donde SP vuelve a saludar a muchos corredores. ¡Vaya relaciones públicas que está hecho!

Primer avituallamiento y todavía estoy entero. Me zampo un plátano, media naranja y me bebo dos o tres vasos de Isostar. Allí coincidimos con Josep, que pretende hacer 3:30 y que es la referencia que deberíamos seguir para llegar a la meta sanos y salvos. Así se lo comenta SP y salimos del avituallamiento andando durante un buen rato. ¿Así se supone que vamos a llegar en 3:30?. Confiando en la reconocida experiencia temporal de Josep me pongo a rueda y así llegamos hasta un curioso indicador del Camino de Santiago donde SP nos hace una foto.

200 metros más alante se acaba la pista ancha y empieza lo bueno pues el camino se convierte en una especie de aproximación al Everest que nos obliga a trepar y escalar por piedras y por un sendero estrechísimo y muy técnico. Aquí es impensable correr pues escalar corriendo yo creo que no sé.

Varias veces me giro a ver si vienen tras de mi SP y Josep y no veo a ninguno de los dos pero aquí es imposible pararse pues no hay espacio para ello, así que sigo hasta que tras mucho rato llego al segundo avituallamiento a escasos metros de las antenas que coronan la cima de Herr Bartolo.
Me bebo 4 ó 5 vasos de Isostar, me saco una espina que inexplicablemente había llegado hasta el dedo gordo de mi pie izquierdo, me zampo un plátano enterito y compruebo que ninguno de mis dos acompañantes llega por lo que me empiezo a preocupar.

Al ratito llega Josep y al preguntarle por mi tocayo me dice que lo ha dejado a más de un kilómetro acalambrado y que seguramente debería retirarse allí mismo. La noticia me deja bastante perplejo pues no me había parecido que la subida fuera para tanto ni que mi tocayo estuviera mal a pesar de sus ya consabidos achaques.

Sigo mirando por el camino que va trayendo corredores y SP sigue sin venir. Josep me dice que se marcha y que si lo acompaño a lo que respondo que me espero a ver lo que pasa con Santi.
Nos despedimos y empiezo a desandar el camino en busca del náufrago Bartolístico al que encuentro al cabo de un rato. Me dice que viene fundido con unos calambres que paqué. Le intento animar explicándole que el avituallamiento está allí mismo y andando llegamos en un plis plas.

Cuando llegamos le paso un plátano, se hidrata y buscamos a las chicas de la Cruz Roja, donde una amable voluntaria le da unas friegas en las piernas con Reflex crema. Allí también hay un corredor con los talones llenos de ampollas reventadas al que le están poniendo yodo. Cuando ya marchamos de la ambulancia llega Rafa, conocido de SP (como no) que también ha tenido un percance.

A pesar de que Josep me había dicho que ya empezaba la bajada y que no había que subir hasta las antenas, la carretera sube y vaya que si sube para disgusto de mi maltrecho angel de la guarda. Suerte que es un repecho corto aunque empinado y enseguida empieza la bajada por una fabulosa pista ancha que me hace pensar en mi bicicleta querida pues la pista es perfecta para una bajada de esas que me gustan a mí.
A ratos andando (los más) y a ratos corriendo (los menos) vamos bajando hasta que llegamos a la carretera y al tercer avituallamiento. Allí le pregunto a una amable señora y me indica que estamos en el kilómetro 18. Bueno, ya falta menos.

Un pequeño enlace por carretera y empieza otro camino que, en un primer momento es un sendero llano y que, poco a poco, se va convirtiendo en una sucesión de piedras y escalones para poder superar un gran desnivel.
Tal y como veo el camino me doy cuenta de que SP las va a pasar canutas. Decido no agobiarle y dejarle que vaya a su ritmo así que tiro para adelante a buen ritmo. Durante el rato que comparto camino con otros dos corredores veo que debo estar más fuerte de lo que creo pues van con la lengua fuera y resoplando mientras yo voy bastante bien. Evidentemente los adelanto y llego arriba del todo como si tal cosa. Viendo el principio de la bajada me giro y grito "Venga Santi que ya empieza la bajada". Me responde el silencio por lo que deduzco que la cosita está fatal y que el tocayo está listo de papeles.

Me asomo al caminillo que lleva hasta la cumbre y poco a poco van subiendo corredores bufando. Viendo que SP no llega tomo asiento en una piedra. Al cabo del rato llega el corredor que en el avituallamiento 2 estaba siendo atendido de dos ampollas reventadas, le pregunto por "el niño del Reflex" y me dice que estaba sentado en una piedra descansando lo cual confirma mis sospechas de que las está pasando canutas.

Al rato aparece con la cara blanca como la pared y con una botella de agua en la mano que, al parecer otros corredores le habían dejado viendo la mala cara que hacía.

Descansamos un poquito y empezamos a bajar por una zona que ya nos habían advertido que estaba llena de piedras sueltas. La bajada es muy pesada pues tiene una inclinación impresionante y con las piedras sueltas se hace muy complicado bajar y los pies me empiezan a molestar.

Cuando llevamos muuuuucho rato bajando veo el cartel del kilómetro 20 por lo que empiezo a dudar que el tercer avituallamiento estuviera en el 18. Sea como sea ya se empieza a ver el avituallamiento extra de agua abajo entre campos de naranjos.

Penosamente conseguimos llegar abajo y nos hinchamos, sobre todo yo, de agua para el último tramo que debería ser llano hasta la playa pero todavía está lleno de obstáculos por saltar y caminos llenos de piedras que torturan a nuestros ya maltrechos pies.

Pretendíamos correr al llegar al llano pero la realidad es que SP parece una central eléctrica de los calambrazos que tiene en las piernas, así que seguimos andando hasta que llegamos a una valla que rodea un camping y que ya nos lleva hasta el Paseo Marítimo tras cruzar la carretera de entrada a Benicàssim. Los Policías Locales que cortan el tráfico para que podamos pasar nos dicen que nos quedan 400 metros hasta la llegada, así que corremos esa distancia, bueno, más que correr trotamos como buenamente podemos.

¡¡Por fin!!, ya se ve el arco de la meta y vemos a Pepi saltando loca de contenta al vernos llegar. Nos chocamos las manos sin dejar de correr y nos damos las gracias mutuamente por los momentos compartidos. ¡¡Qué bonito!!
A pesar de llegar a las tantas, los asistentes nos aplauden y la organización dice nuestros nombres por la megafonía "Santi & Santi, calamares asociados".

Nos dan bebida isotónica y nos cambian los chips por sendos diplomas. Pepi muy amablemente me deja su móvil por el que llamo a mi cónyuja y le digo que he llegado sano y salvo. Como estoy muerto de hambre me zampo un par de bocatas que amablemente me ofrecen mientras SP se tumba en un césped y Pepi le da un masajito.

Mientras nos dirigimos al coche vemos a Josep que ya está duchadito y limpito, nos saluda y quedamos para vernos en la comida posterior.

Podría explicar también cómo nos dimos un bañito en la piscina del hotel y nos quedamos como nuevos, bueno, nuevos, nuevos, lo que se dice nuevos... no, pero en buen estado de conservación.
También podría explicar lo bien que lo pasamos en la comida que organizó Jungla en Les Barraques (Felicidades a la anfitriona por su buen hacer, si señor...), con un montón de corredores más y que personalmente disfruté, pero casi que mejor lo dejo para otro día.

He tardado una semana en redactar esta crónica y con esa perspectiva que dan los 7 días de margen, creo que he empezado a asimilar esta prueba, con una organización magnífica y con un recorrido muy exigente pero por un entorno natural privilegiado y que creo que todos deberíamos de recorrerlo por lo menos una vez. ¡¡Hey, que he dicho por lo menos!!.




Terrible siesta post carrera y post comida en la playa de Benicàssim

Aki stamos

06 julio, 2006 · 2 comentarios


A pesar de lo que pueda parecer o de lo que algunos puedan llegar a pensar, todos estos días de semiausencia no los he pasado entrenando, aunque ya me gustaría.

Para los peor pensados también les aclararé que tampoco he estado permanentemente encerrado en casa sin atreverme a salir por miedo a lo que se me viene encima, aunque seguramente sería lo más sensato dados los calores que corren en este mes de julio que nos estamos tragando como podemos.

Tampoco es que mis midiclorianos hayan mutado a alguna variante antibloggera, que ya sería noticia dado mi evidente simplismo sanguíneo y que me hayan impedido escribir mis tonterías de siempre, no, que tampoco es eso.

La explicación está en un sprint hacia las vacaciones que ya me hubiera gustado ser Carl Lewis en sus mejores tiempos para hacer en menos de 10 segundos, con un mogollón de cargas laborales, familiares, atléticas, ciclistas y de otros tipos que tampoco vienen al caso, pero que me tienen alejado del teclado sin poderlo remediar.

En lo referente a la actividad atlética, que es el life motive de este humilde blog, pues sigue como siempre en lo esencial: Piltrafilleando por esos caminos de Dios y últimamente por esas montañas de Dios, pues estamos a cuatro días, sí cuatro, y yo con estos pelos, para la VIII Marcha al Bartolo.

Tengo que tener cuidado con lo que digo pues al igual que en el famoso anuncio de colchones donde tras pronunciar una palabra todos caen dormidos, cuando oigo la palabra mágica "Bartolo", me dan unas ganas de esconderme que paqué.

Entrenamientos lo que se dice entrenamientos, alguno potentillo ha habido con el Maestro Alfons y con mi "bródel" aunque menos de lo que debería.

Cómo será la cosa que para "darme ánimos" mi amadísima cónyuja de vez en cuando me pregunta con su dulce voz "¿Con lo que has entrenado como piensas correr tú 24 kilómetros el domingo?" y la verdad es que razón no le falta a la pobre, pues algunas sesiones más no me hubieran venido nada pero que nada mal.

Acabo de mirar la lista de inscritos en la web de maratoimitja y ya salgo con el 829. ¡¡A por ellos, oéeeeeeee!!

Tengo que agradecer a todos los que participáis de esta mi humilde historia y que habitualmente visitáis este blog, el apoyo que me brindáis y esos ánimos que estoy recibiendo. La verdad es que voy a necesitar esos ánimos y algunos más.

A los que participáis también en el Bartolo, sólo puedo decir que ya estoy deseando que llegue el fin de semana para conoceros en persona.

También estoy deseando que llegue el domingo, aunque se positivamente que me arrepentiré 1500 veces o más durante el recorrido con la típica pregunta de "¿Pero qué co*ones hago yo aquí sudando y sufriendo en vez de estar en la playita?", pero los que somos masocas creo que no tenemos arreglo, ¿verdad?
Prometo crónica de esas de la "muelte"